La charlatanería cansa

Es normal encontrarse personas que no conozcan muy bien la tradición, no hay nada de malo en ellos, no esencialmente; el problema yace cuando nos negamos a ver la realidad de nuestra ignorancia y las consecuencias de difundirlas como conocimiento. No hay nada de malo en corregirnos y admitir un error en vista de nueva información, sin embargo, este no es siempre el caso cuando no sabemos lidiar con el ego y  la necesidad de ser admirados y elogiados por unos cuantos seguidores online, a pesar de saber tanto como un perro sabe de química.

Dunning-Kruger es un sesgo cognitivo, según el cual los individuos con escasa habilidad o conocimientos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio, considerándose más inteligentes que otras personas más preparadas, midiendo incorrectamente su habilidad por encima de lo real.

Desgraciadamente, las personas con síndrome de Dunning-Kruger abundan cada vez más, y el Internet refuerza de forma negativa esta deficiencia con la necesidad de ser un “Influencer” moderno, una figura pública o un personaje histórico sin medir el potencial daño que dicha actividad puede causar. Por eso a diario nos encontramos con bloggers, líderes Ásatrú y páginas o grupos en Facebook que se hacen famosos por un tiempo aprovechándose de quienes no saben un comino de esta religión y se sacan cualquier payasada de la manga, estos novatos son su principal presa ya que con una buena imagen en Facebook podemos engañar a cualquier inocente o idiota que jamás se atrevería a cuestionar nuestros métodos.

Seamos honestos, en internet somos un avatar, podemos ser cualquier persona o cualquier cosa y la mayoría de la gente lo cree sin desenmascararnos. Eso se nota con solo ver la cantidad de artículos de “Lo dice la ciencia” que se comparten a diario sin verificar la fuente o la página donde están publicados; la gente no cuestiona a sus estafadores online. En Internet la gente se saca del sombrero conceptos como ár y gefrain, pseudo conceptos anglosajones del “honor” inventados por un grupo de heathens fanáticos para humillar a personas nuevas mientras los educan con insultos y pantallazos, o el Innengard, un concepto que simplemente busca justificar los malos tratos o insultos a aquellos que no sean de nuestro grupo de amigos, porque sabemos que es muy fácil irrespetar a alguien en internet detrás de un teclado y sin consecuencias; cosa que no harían cara a cara sin que los sienten de un puñetazo en la cara en el mundo real.

Tampoco faltan los charlatanes mesiánicos que buscan unificar todos los grupos Ásatrú del mundo bajo una sola organización que promueve payasadas como el “Rito de Frey” (robado de su anterior organización), para permitirte ser un goði -cual sucesión sacerdotal católica- y te prometen favores de parte de sus “Jarls”, un concepto de liderazgo militarizado obsoleto y con poca relación a la tradición religiosa que los termina equiparando con grupos de recreación histórica medieval o de fantasía al estilo LARP, todo con la intención de convertirse en el nuevo Vaticano Pagano. Aunque eso implique hacer cientos de “hermanamientos” descuidados y dudosos con cualquier organización (si, hasta neonazis disimulados) con tal de que les ayuden a incrementar su número de adeptos y seguidores de Facebook.

Ah, y no olvidemos sus grupos aliados con goðar experimentados desde hace 10 años en la tradición a sus 20 años de edad, heredado por un goði Europeo que nunca existió, personajes que nunca dan la cara, adoran a la “diosa Seidr” (hasta ahora sabía que eso existe) sin una sola base histórica y confunden las runas con galdr, y además de eso dicen ser Völvas o algo así sin saber una gota de lo que hablan; y además tienen el descaro de hacerse llamar “un faro de conocimiento” para neófitos.

La charlatanería cansa amigos y tener un grupo en Facebook con 1200 seguidores que suben imágenes motivacionales con dibujos de vikingos rudos diciendo Skál no es un logro, ni es algo agradable. Tenemos que dejar de hacer famosos a los idiotas, a los charlatanes, los vikingos de internet, los brosatrú y cualquier artículo salvaje que aparece en internet en páginas de “vikingos”, empecemos por cuestionar los métodos y conocimientos de cualquier “líder”, dejemos de ponerlos en pedestales de autoridad; que alguien sea un líder no significa que sea uno serio.

Por lo que en vez de confiar ciegamente, empecemos por observar silenciosamente estas agrupaciones, comparémoslas con las de otros países, principalmente los nórdicos y después de eso aprenderemos a detectar charlatanes. Cuestionémonos si las personas a las que seguimos son en realidad fraudes y charlatanes. Ayudemos a limpiar la comunidad online de payasos que creen ser mejor de lo que en realidad son y solo esparcen desinformación e ignorancia.